De repente y sin saberlo me encontré
subiendo a un bote salvavidas.
Era de noche y estaba medio oscuro, así que no
pude ver muy bien quién me empujo, ni quienes estaban a mi alrededor.
Lo único que recuerdo es que, en un
instante estaba comiendo canapés en el Titanic y al minuto siguiente estaba
sentado en el bote, medio mojado, con frío y sin entender lo que sucedía.
Miré a mi alrededor buscando caras conocidas
y entre la penumbra pude ver rostros familiares, eso me tranquilizó, quizá no
era tan mal lugar como pensaba.
Mientras buscaba gestos amigos, pude ver
como el Titanic si iba alejando de nosotros; lejos estaba de hundirse, pero en
el bote algunos no paraban de afirmar que tarde o temprano iba a terminar
debajo del agua.
A las pocas horas de estar a la deriva en
el medio del mar, empezaron las discusiones sobre el rumbo que debíamos tomar y
quién iba a estar al mando.
Me mantuve al margen y me puse a conversar
con mi compañero de asiento, no conseguí identificar su cara y mucho menos su
voz, pero en seguida me saludo y confesó ser un lector de mis trabajos.
Creo que por vergüenza no me animé a preguntar el nombre, él me conocía y sentí
que yo debía conocerlo también.
El amigo lector: “Sabe a dónde vamos Palcu?”
El Pueta Palcu: “Ni idea, ni siquiera sé cómo llegué
hasta acá.”
EAL: “Conoce al resto de los que se subieron con
nosotros?”
EPP: “Veo algunas caras conocidas, pero en la noche
todos los gatos son pardos. Vamos a tener que esperar al amanecer, para ver
quienes nos tocaron de compañeros.”
EAL: “Habrá que esperar entonces; quizá para mañana ya
estemos con un rumbo fijo y las peleas hayan terminado, no?”
EPP: “Seguro, no hay que perder la fe. Lo único que me
preocupa es que, no pude terminar los canapés que me había servido.”
EAL: “No se haga problema Pueta, no haga bardo y de
queruza tome un poco de esto, no serán canapés pero el hambre se la va a quitar.”
Tomé, sin dudar, lo que me ofreció mi amigo
lector y a continuación y muy respetuosamente pregunté
EPP: “Qué es?”
EAL: “Unas cremonas que me afané del desayuno. Yo sé que
no le gustan, pero es lo único que tengo.”
EPP: “Cremonas… quién le dijo que no me gustan? Eso era
antes, uno va cambiando con el paso del tiempo… las cremonas pasaron a tener un
sabor especial para mí. Gracias por compartirlas conmigo”
Mientras las peleas por el control del bote
seguían de fondo, nosotros continuamos conversando de la vida, compartiendo
unas cremonas y esperando que el amanecer traiga buenas noticias.