Como cada final de año, luego de brindar con todos bajé
por las escaleras de República. Saludé uno
a uno a los muchachos de seguridad y salí la calle.
Se había hecho tarde, ya era de noche y Corrientes estaba
desierta.
Caminé unos metros y recordé que había olvidado las
llaves de la cajonera puestas en la cerradura. Volví sobre mis pasos y cuando
llegué la puerta ya estaba cerrada, golpeé y esperé.
Uno de los hombres de seguridad me preguntó, a través
de la rendija de las puertas qué quería. Le expliqué, pero me dijo que no podía
ingresar salvo que alguien que sea del edificio me autorice.
Lo miré extrañado.
Le conté que recién había salido y que me había
olvidado en el cuarto piso las llaves, pero me volvió a negar el ingreso.
Estaba cansado, así que no insistí más, total en la
cajonera ya no quedaba nada de valor. Con el tiempo había ido sacando aquellas
cosas que consideraba especiales y las había guardado en mi corazón, para que
nadie pudiera quitármelas.
Sin protestar me fui caminando sin rumbo y pensado en
lo que había vivido en este 2017.
Insistimos con T3
y la ilusión de migrar,
no dejamos de avanzar,
pero viene a tranco lento,
si se parece al cuento
ese de nunca acabar.
Y lejos de apagar sombras
o los sistemas legados,
continuamos desarrollando
y nunca nada tiramos,
con el placard abarrotado
nosotros seguimos comprando.
Avanzamos con 4g
y el 5g ya probamos,
mas fibra desplegamos,
tenemos 100mil clientes,
y en T3 ya hay presentes
clientes de los fibrados.
Office 365, Omnichannel,
impuestos internos, apagados,
Clouders, VoLTE, shadows
algún que otro enlatado,
y continuamos engordando
a nuestros pobres legados.
Cambios en la organización,
incluso a nivel global,
no paramos de cambiar,
e igual somos eficientes,
pero es porque la gente
cada vez labura más.
Y seguimos aprendiendo
como se hacen los sistemas,
volvimos a la cadena
de diseño e implementación,
enlace se desarmó
y apreció un área nueva.
Y como siempre sucede,
cuando todo va a cambiar,
alguno se quiere salvar
a costa del que está al lado,
hay que andarse con cuidado
porque te pueden peinar.
Este año hubo outdoor,
bono, fiesta, caja pan,
árboles fuimos a plantar
y una escuela pintamos,
casamientos, graduados
y birra para festejar.
Los retiros voluntarios,
no nos podían faltar,
y el sector de “BiaI”,
se terminó desarmando,
se fueron amigos de antaño,
que mucho voy a extrañar.
Y vamos sobreviviendo
con la ausencia de gomias,
con verdades y mentiras,
y entre gritos sin razón,
“empresas sin corazón”
que te consumen la vida.
Y vendrán nuevos pedidos
por culpa de Cablevisión,
de marca unificación,
y seguimos avanzando,
ya estamos desarrollando,
servicio de televisión.
Y una nueva mudanza,
y otro nuevo lugar,
quizá sea un gil en pensar
que nos traerá cosas buenas,
pero creo que vale la pena,
a la esperanza apostar.
Aunque pierdo muy seguido,
yo no dejo de timbear,
no importa si me va mal,
o si pierdo alguna cosa,
yo apuesto por la gaseosa,
y sueño que volverá.
Tuve años más pulentas,
no se lo voy a negar,
pero este no fue mal
y continuamos en carrera,
las fuerzas se renuevan
con cada nuevo sermón,
aprendo en cada ocasión
inclusive en los ejemplos,
porque me hacen estar atento
a encontrarme a mí mismo,
y aunque a veces me resisto
busco siempre la verdad,
lucho por la igualdad,
pero nunca la consigo,
aún creo en los amigos
y en un mundo mejor,
brindo en cada ocasión
porque el mundo tenga paz,
escribo y no miro atrás
y aunque perdono no olvido,
lo poco que yo consigo,
lo consigo laburando,
y continúo luchando
para no perder la pelea,
búsqueme en su vereda
siempre estoy del mismo lado.
De repente me di cuenta que había caminado alrededor de
6km, algo más de una hora.
Levanté la vista y vi un cartel que decía “Historias Increíbles o Tristes,
usted elige”.
Me quedé parado intentando entender el significado de
esas palabas, cuando un hombre de seguridad abrió la puerta y me dio la
bienvenida.
No conocía el lugar, pero me resultaba familiar.
La persona que me recibió me explicó que allí habría de
vivir parte de mi historia, que de mí iba a depender si serían increíbles o
tristes, que yo podía elegir; como lo había hecho en cada lugar que me tocó
estar.
Sólo hay que respetar una única regla, dijo, debe dejar
el lugar igual o mejor que como lo encontró.
Me acompañó al primer piso y me dejó sólo.
El piso estaba vacío, limpio, ordenado, silencioso,
iluminado.
Había muchas sillas.
Me acerqué a la cocina con mucha ilusión, pero no había
máquina de gaseosa.
El lugar era agradable, me senté en una silla al azar y
recordé lo que me dijo la persona de seguridad:
“La historia depende de usted
Palcu, sólo debe respetar una simple regla, el día que se vaya debe dejar el lugar
igual o mejor que como lo encontró”
Me fui caminando hasta mi casa, estaba lejos, muy lejos,
más de lo que me gustaría; pero igual me fui con ganas de volver al día
siguiente.
...feliz año 2018 lector amigo…
…brindo porque cada nuevo camino sea mejor que el que
dejamos atrás y porque en cada parada, en cada descanso, aún nos seguimos
encontrando.
…Muchas felicidades le desea…
El Pueta Palcu®.
Creador de
Historias
Increíblemente
Tristes.