Viernes de cremonas (2012)



A mí, las cremonas no me gustan.
Son un simple trozo de pan con forma de rueda que no producen ningún desafío al sentido del gusto ni del tacto, inclusive a la vista son algo simples y sin color.
Siempre me parecieron insulsas y sin sentido, quizá fuesen buenas para acompañar el mate, pero la verdad es que tampoco soy un fanático del mate; quizá por eso no me gustan, no lo sé.
Por eso no entiendo que estuve haciendo ese viernes a la mañana, comiendo cremonas, en medio de un grupo de gente que se reúne, en algo que suelen llamar “viernes de cremonas”.

Voy a explicarles un poco a ver si pueden comprender lo que me pasó.
Todo empezó porque un día, escuché que algunas personas, que considero amigos y compañeros de laburo,  se reunían los viernes a la mañana a desayunar. Me acerqué a uno de ellos con la intención de unirme y tuve la suerte que me aceptaran, lo que no sabía era que el nombre del evento, “viernes de cremonas”, hacía alusión directa al elemento principal del desayuno, las cremonas.
Y a mí, las cremonas no me gustan.
Quizá si hubiera sabido eso lo hubiera pensado un poco más antes de unirme o quizá no. Lo cierto es que yo pensé que el nombre era un genérico, que se desayunaba cualquier cosa, pero no fue así. El primer viernes que participé, noté que las personas que se reunían llevaban mate, café, té y diferentes bebidas, pero para comer sólo llevaban cremonas.
Como corresponde a una persona respetuosa, me limité a probar un poco de aquel insulso pan con forma de rueda y a conversar con los asistentes, de a poco la charla me fue haciendo olvidar que las cremonas no me gustan.
Volví a sentirme cómodo en un lugar donde hace un tiempo estoy incómodo y perdido, me dieron ganas de volver a charlar, de volver a escribir, de volver a conversar con los amigos y compañeros que aún conservo en el laburo, me dieron ganas de escuchar a cada uno, de sentir lo que a cada uno les pasa, de buscar formas de sentirme mejor en este lugar, de hacer que los demás se sientan mejor. Inclusive, aunque me cueste decirlo, me dieron ganas de comer cremonas.
Tomé un nuevo pedazo y lo saboreé de otra forma, miré a mi alrededor, busqué mi reflejo en el vidrio más cercano y me pareció que estaba sonriendo, creo que estaba disfrutando de aquella cremona del viernes.
A veces siento que me cuesta venir a laburar por las mañanas, a veces me encuentro el lunes esperando ansioso porque llegue el fin de semana.
Este lunes, después de mi primer viernes de cremona, me encontré esperando que sea viernes para compartir unas cremonas con amigos y compañeros de laburo…
… y eso que a mí… a mí, las cremonas no me gustan.