A mí,
las cremonas no me gustan.
Son
un simple trozo de pan con forma de rueda que no producen ningún desafío al
sentido del gusto ni del tacto, inclusive a la vista son algo simples y sin
color.
Siempre
me parecieron insulsas y sin sentido, quizá fuesen buenas para acompañar el
mate, pero la verdad es que tampoco soy un fanático del mate; quizá por eso no
me gustan, no lo sé.
Por
eso no entiendo que estuve haciendo ese viernes a la mañana, comiendo cremonas,
en medio de un grupo de gente que se reúne, en algo que suelen llamar “viernes
de cremonas”.
Voy
a explicarles un poco a ver si pueden comprender lo que me pasó.
Todo
empezó porque un día, escuché que algunas personas, que considero amigos y
compañeros de laburo, se reunían los viernes
a la mañana a desayunar. Me acerqué a uno de ellos con la intención de unirme y
tuve la suerte que me aceptaran, lo que no sabía era que el nombre del evento,
“viernes de cremonas”, hacía alusión directa al elemento principal del
desayuno, las cremonas.
Y a mí,
las cremonas no me gustan.
Quizá
si hubiera sabido eso lo hubiera pensado un poco más antes de unirme o quizá
no. Lo cierto es que yo pensé que el nombre era un genérico, que se desayunaba
cualquier cosa, pero no fue así. El primer viernes que participé, noté que las
personas que se reunían llevaban mate, café, té y diferentes bebidas, pero para
comer sólo llevaban cremonas.
Como
corresponde a una persona respetuosa, me limité a probar un poco de aquel
insulso pan con forma de rueda y a conversar con los asistentes, de a poco la
charla me fue haciendo olvidar que las cremonas no me gustan.
Volví
a sentirme cómodo en un lugar donde hace un tiempo estoy incómodo y perdido, me
dieron ganas de volver a charlar, de volver a escribir, de volver a conversar
con los amigos y compañeros que aún conservo en el laburo, me dieron ganas de
escuchar a cada uno, de sentir lo que a cada uno les pasa, de buscar formas de
sentirme mejor en este lugar, de hacer que los demás se sientan mejor.
Inclusive, aunque me cueste decirlo, me dieron ganas de comer cremonas.
Tomé
un nuevo pedazo y lo saboreé de otra forma, miré a mi alrededor, busqué mi
reflejo en el vidrio más cercano y me pareció que estaba sonriendo, creo que
estaba disfrutando de aquella cremona del viernes.
A
veces siento que me cuesta venir a laburar por las mañanas, a veces me
encuentro el lunes esperando ansioso porque llegue el fin de semana.
Este
lunes, después de mi primer viernes de cremona, me encontré esperando que sea
viernes para compartir unas cremonas con amigos y compañeros de laburo…
… y
eso que a mí… a mí, las cremonas no me gustan.
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