Viernes de Cremonas III (2012)


Ya desde los botes salvavidas no se podía ver el Titanic, a pesar de ello no había forma de borrar de mi cabeza la posibilidad de que alguno de mis amigos todavía estén ahí.
De a poco la oscuridad de la noche se fue disipando y los primeros resplandores del nuevo día comenzaron a permitir ver las caras de quienes estábamos compartiendo el bote.
A mi lado estaba mi amigo lector, con el cual había compartido unas cremonas en medio de la noche, ahora con la luz del día pude reconocerlo.
Estaba contento de que fuera él quien estaba a mi lado.
Comencé a ver el resto de los casuales acompañantes y había de todo.
Conocidos y desconocidos, buenos y malos, enemigos y amigos.
Las primeras luces del día no me permitían ver más allá de mi bote, pero de a poco todo se fue iluminando y comencé a ver los botes de alrededor, ahí pude ver más amigos. Creo que pude ver a casi todos, podría apostar que estaban todos.
Ahí, mi mal pensamiento de imaginar algún amigo aún en el Titanic se borró, sonreí y me recosté en el borde del barco.
Pasaron las horas y no parecía que estuviéramos yendo a ningún lado, sentí hambre y recordé que mi amigo tenía en su poder las cremonas. “Le quedó alguna Cremona amigo?”, le pregunté.
“Sólo un pedacito”, contestó,  “es el último, es demasiado pequeño para los partirlo, pero puedo intentar dividirlo para los dos si usted quiere”; me dijo mientras me mostraba su mano con un pequeño trozo de cremona en ella.
Estaba muerto de hambre y hubiera sido capaz de matar con tal de comer aquel resto de cremona, pero pude aguantarme y le contesté, “No se preocupe amigo, a mi las cremonas no me gustan, cómala usted, yo por ahora puedo aguantar un rato más”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario