Contar sin contar (2011)


Como cada mañana me desperté temprano y salí para la oficina, a pesar de ser diciembre todavía era de noche. Acostumbro llegar temprano al trabajo porque me gusta ver los escritorios vacíos e imaginar que se van a ir llenando con las personas que quiero, cada mañana sufro la desilusión de ver que alguno falta pero por las tardes me voy con la esperanza que al día siguiente los amigos completen los escritorios.
Mientras recorría la última cuadra antes de llegar pude notar que estaba nublado y a punto de llover, quizá no era de noche sino tan solo las nubes negras que auspiciaban la tormenta daban esa sensación nocturna y gris.
Dejé mi auto en el mismo lugar de siempre y caminé hasta la puerta de ingreso. A través de la puerta de vidrio siempre se puede ver al guardia de seguridad, por lo general, trato de adivinar quién está de turno ese día y mis apuestas siempre están apuntadas a aquellos que son más amables, mi corazón siempre prefiere la alegría de ganar con los buenos que la fortuna de triunfar con los patanes.
Intenté abrir la puerta pero mi tarjeta no habría, pensé que me había equivocado y revisé mis bolsillos, pero era la tarjeta correcta, miré para adentro a ver si veía al guardia, pero para mi sorpresa, no había nadie; cuando me apoye sobre el vidrio para mirar la puerta se abrió. Entré sin hacerme demasiada preguntas y noté que los molinetes no estaban, pase por el corto pasillo y entre al salón, estaba totalmente cambiado, un aire sombrío y oscuro flotaba en el aire y no me dejaba ver más allá de unos metros, ahí pude notar que había un escritorio antiguo de madera y detrás de él una persona de traje negro, que ni bien me vio entrar se apresuró a pararse para recibirme
Palcu – Un gusto Hades, explíqueme ¿qué pasó, dónde está mi oficina?
Dijo mientras me tomaba del hombro y me guiaba hacia la salida. Comenzamos a subir por las escaleras del medio y durante el recorrido me comenzó a preguntar sobre mí, cómo había empezado, por qué escribía, en cada escalón, en cada paso hacia la terraza del edificio le fui explicando y recordé aquél reportaje que me hicieron cuando escribí mi primer poesía con el objetivo de publicarlo en la revista de la empresa. Aquella nota nunca fue publicada, porque luego de haberla realizado decidieron hacerle unas modificaciones, según ellos para hacerla más amena, según este humilde escritor para censurarme.
Hades escuchó atentamente cada palabra y cuando le hablé del reportaje metió su mano en su saco y retiró del bolsillo interno unas hojas amarillentas y me las entregó.
Cuando llegamos a la terraza, antes de abrir la puerta un recuerdo se vino a mi mente, aquella noche en que perseguí las sillas hasta aquel lugar…
Y aquellos escritorios vacíos…
Me había quedado inmóvil, recordando cuando Hades abrió la puerta y me empujó hacia afuera. El cielo estaba totalmente negro y unas primeras gotas de lluvia comenzaban a caer sobre nosotros.
Miré a mi alrededor y pude ver muchas sillas, escritorios, terminales viejas, una vax, el all-in-one, Tucumán, La Richmond, el DesaHora, el billar, los kartings, el futbol, un mop500, el metegol, el laser shoot, el palacio de las papa fritas, los camiones de Ochiu, el dispatcher, swat, el Bingo, el tango, los guardianes, los autitos a control, el ajedrez, el gomero, BJ, el winigolf, el Family Day, Laminar, el Marangoni, el Poker, viejo interno, la sortija, Movics, el ABD, un Movicom, Lo sabías, Armstrong, el GermiKill, el florerito; mis ojos no podían creer lo que estaban viendo.
Comencé a caminar entre las cosas mientras la lluvia se hacía cada vez más fuertes, ahí estaban restos de mis primeras poesías, mis cuentos, mis cosas, mis sentimientos. A medida que avanzaban algunas sillas me invitaban a sentarme, a recordar, fui recorriendo cada una llorando con algunas, riéndome con otras, anécdotas, recuerdos.
Miré para atrás y pude notar que Hades seguía en la entrada de la terraza, no me había seguido pero no se había ido, creo que se quedó ahí para asegurarse que no me quedara en aquella terraza para siempre, me miró y movió su cabeza como diciéndome, siga disfrutando de sus recuerdos pero no se olvide que tiene que regresar.
Caminé entre unos viejos box tapizados de alfombras azules y al cruzarlo, allá a lo lejos en una esquina de la terraza pude ver un grupo de gente que se sorprendió de verme ahí, en seguida pude reconocerlos, eran mis amigos del laburo, con los que compartí cada año de los que viví ahí, estaban todos, los más viejos, los más nuevos, los amigos del alma, los que me vieron crecer y aprender, los que me ayudaron y ayudé, los que me vieron ganar y compartieron mi alegría, los que me vieron perder y lloraron a mi lado, cada uno estaba ahí, en seguida vinieron a saludarme, a recordar, a contar anécdotas.
Uno de ellos me tomo la mano y me hizo seguir unos pasos más y me mostró que en la esquina, al final de la terraza estaba la máquina de gaseosa, tomé un vaso y me serví, el ruido, el olor, el sabor de aquella bebida me llenó el alma, nos sentamos con mis amigos en nuestras sillas de siempre y brindamos con gaseosa por cada año vivido, por cada aprendizaje, por cada amigo, por los que están y por los que se fueron, por las victorias que obtuvimos juntos, por las derrotas que soportamos, por la vida, por la alegría de haber vivido a pleno cada instante.
Uno de los chicos me acercó un libro envuelto para regalo. Dejé mi vaso a un costado y lo abrí apresuradamente, en la tapa decía “Antología de nuestro Pueta”, adentro estaban impresas todas mis poesías, dejé que mis lágrimas mojen aquellas páginas y continuamos recordando cada momento mientras leíamos algunas viejas poesías
No podría decir cuánto estuve en esa terraza, un segundo, una hora, dieciséis años, una vida. Hades me ayudo a salir, creo que si él no hubiera estado ahí nunca hubiera regresado, me acompañó en silencio por las escaleras y volvimos a su escritorio. Me sorprendió ver que sobre él estaba el libro que mis amigos me habían regalado.
Repliqué todavía enojado por tener que haber regresado a aquel lugar/
Se levantó de la silla, me acercó un papel para que firme
Mientras firmaba miré de costado el libro y supe que debía hacerlo.
Dije mientras estrechaba su mano
Salí de aquel lugar que antes era mi oficina, llegué a casa y comencé a escribir mi trabajo de fin de año, cuando estaba por la mitad recordé que ya no tenía libro donde guardarlo, pensé que este año ya no sabía a quién enviárselo, mi editor ya no estaba, la oficina había desaparecido, quizá a partir de ahora las cosas deban ser distintas.
Recordé cuando intenté que mi último cuento que hablaba del cierre de la Richmond, se distribuya impreso, en lugar de enviarlo por mail me puse el objetivo de hacerlo llegar en la revista de la empresa, hablé con cada una de las personas responsables de la edición y ninguno quiso hacerse cargo de la publicación. Soy de esos tipos que no se da por vencido nunca, así que busqué otra forma hasta que un día descubrí que había un concurso de cuentos y entonces me decidí a participar, los tres finalista tendrían algún premio que yo no deseaba y la publicación del cuento en la revista de le empresa.
Está de más explicar lo que pasó, cualquiera que esté leyendo estas líneas podrá deducir que si nunca leyó el cuento el resultado fue el esperado, una vez más perdí, pero soy de los que no se rinden, así que algún día el cuento aparecerá, mientras tanto puedo dejarle un atajo a mi alma para que pueda verlo si le interesa…

Se viene un nuevo año, un nuevo ciclo, una nueva etapa para este humilde Pueta que lo acompañó durante todos estos años; por supuesto que lo voy a acompañar, en el nuevo camino, pero está vez será distinto, todavía no sé cómo pero quizá si tiene ganas de comprenderlo dese una vuelta por el reportaje del final de una etapa

Nunca digo adiós, siempre prefiero decir hasta luego…

Mi oficina ya no existe,
solo quedan los recuerdos
de aquellos días eternos,
de alegría, gloria y pasión,
me llevo en el corazón,
lo aprendido en ese tiempo.

No pretenda que le cuente
todo lo que sucedió,
si usted también lo vivió
y contarlo me hace mal,
sepa usted perdonar,
mi silencio de ocasión.

Cambios, transformaciones,
y una nueva oportunidad,
siempre se puede mejorar,
siempre puede ser peor,
siempre estará este escritor,
contando todo sin contar.

Arrancó el nuevo camino
con enseñanzas valiosas,
nuevas poesías y prosas,
nuevos y viejos amigos,
pero el mismo desafío:
¡Recuperar la gaseosa!


... feliz año 2012 lector amigo, donde quiera que esté, deseo de corazón que su nuevo camino se cruce pronto con el mío.
Muchas felicidades le desea …

El Pueta Palcu®.
… tristemente ilusionado.

Notas del editor

El editor quien hasta ahora se desempeñaba como Editor, decidió dejar la Editorial para dedicarse al desarrollo de nuevas iniciativas personales(1).
¡Le deseamos mucho éxito en esta nueva etapa que comienza!



Notas del Pueta Palcu

 (1) Lo rajaron.

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