2016, Te para tres

Movi2016

 

 

Todavía hoy no puedo explicar por qué terminé aquel día, tan tarde, cruzando la puerta del kiosco abandonado del subsuelo de República.

En el edificio ya no quedaba nadie.

Yo me había demorado ordenando los restos de brindis de fin de año; cuando terminé con todo, como de costumbre, apagué la luz, cerré con llave y me subí al ascensor, podría jurar sobre mi tumba que presioné PB, pero cuando las puertas se abrieron estaba en el subsuelo. Me pareció más seguro subir un piso por escalera que volver a confiar en el ascensor, había subido en el de la punta, el que se resetea constantemente y no quería terminar en el 19 por error; era ya muy tarde, el último día del año y sólo quería irme a casa.

Cuando salí comencé a buscar las escaleras y me topé con la puerta de un kiosco, abandonado hace muchos años. El legendario kiosco del subsuelo. Hay quienes sostienen que nunca abrió y hay quienes aseguran que aún sigue atendiendo en ciertos horarios y días secretos.

No pude resistir la tentación y bajé el picaporte, pero estaba con llave.

Volví a pensar que sólo quería irme del edificio y comencé a caminar, pero luego de hacer unos pocos pasos volví sobre mis pisadas y sin pensarlo probé abrir con la llave del piso cuatro, aquella que había utilizado unos instantes antes para cerrar el cuarto.

La puerta se abrió suavemente y al instante estaba adentro. El lugar era oscuro y el aire parecía viciado, sólo había una mesa con tres sillas en el medio de la habitación y al final, en el otro extremo un ascensor con puertas tijeras, de esas que hoy ya están prohibidas.

Me acerqué a la mesa y pude ver una tarjeta de invitación que decía “Té para Tres”, la tarjeta y las sillas parecían coincidir y rememorar un encuentro de tres personas en aquel lugar; pero extrañamente en la mesa sólo había una tasa a medio tomar, y unos restos de té ya en mal estado.

Levanté la taza y pude notar que tenía una marca de rouge, pero me llamó la atención que estaba del lado contrario al habitual, quizá la mujer que la utilizó era zurda o quizá alguien había tomado antes que ella y no quiso posar sus labios en el mismo borde que el bebedor anterior.

No pude descifrar el enigma así que la apoyé en la mesa y continué, sin saber si hubo en algún momento tres personas para aquella única taza.

Me acerqué a las puertas tijeras y llamé al ascensor, se produjo un estruendo muy fuerte y a los pocos segundos apareció un ascensor con un ascensorista adentro, abrió la puerta y me saludó, como si me conociera de siempre.

 

De repente el ascensor se detuvo, abrió las puertas y me invitó a salir, él se quedó en el lugar y dijo – vaya tranquilo, yo lo espero acá.

Ni bien entré al piso pude ver un cartel pegado a la pared que decía “Objetos perdidos” y debajo de él una estrofa qué decía…

 

Aquí sucede lo imposible,

aquí pierde hasta el mejor,

objetos hay un montón

difíciles de imaginar,

aquí usted podrá encontrar,

hasta el Outdoor, que no pasó.

 

Luego de leer esto empecé a recorrer el piso, sabiendo que podría encontrar ahí, cosas que nunca imaginé que podíamos llegar a perder.

Por un momento me puse triste de pensarlo, pero enseguida comprendí que podía encontrar explicaciones que nunca tuve y continué entusiasmado.

El piso estaba repleto de cosas viejas, algunas más cachuzas que otras. Todas desordenadas.

La mayoría de ellas eran identificables para mí.

No había mucha luz y tardé mucho en acomodar mi vista a la oscuridad.

Pude ver un metegol en un costado, luego un taco gastado entre medio de revistas On The Move, más adelante un tablero de ajedrez, una fiesta con caballos, cartas españolas y francesas, valores grabados en piedra, retratos de amigos y momentos de felicidad… continué con una sonrisa en mi rostro recorriendo todo el piso.

 

Cuando ya me estaba yendo encontré, abandonada en una esquina, una vieja máquina de gaseosa.

Tirado en el suelo había un vaso blanco, viejo, gastado, que decía “Movicom” en letras negras, con el slogan “la evolución permanente” pintado en él.

Lo tomé y sin dudarlo hice funcionar la máquina.

Hizo un ruido extraño y salió un jarabe pesado que se mezcló de inmediato con la tierra que había en el vaso. Sentí nostalgia, alegría, tristeza, dolor y sin pensarlo lleve el vaso a mi boca y tomé un sorbo.

Antes de llegar a darme cuenta si el sabor era el mismo que recordaba de hace tantos años atrás, noté que en la pared había pegadas decenas de estrofas reclamando la gaseosa, que abajo tenían mi firma y me sentí muy feliz.

http://puetapalcu.blogspot.com.ar/2016/12/la-maquina-de-gaseosa.html

Inmediatamente busqué un papel y un lápiz entre las cosas del piso y escribí una nueva estrofa.

 

Las ideas sin sentidos,

las acciones vergonzosas,

no generan otra cosa,

en este humilde escritor,

que hacerle alzar la voz,

reclamando la gaseosa!

 

La colgué junto a las demás y supe que era el momento de volver al ascensor.

 

 

El ascensorista cerró la puerta y volvió a tocar el botón, a diferencia del viaje anterior, donde sentí que el ascensor bajaba, ahora podría haber jurado que el ascensor no se había movido. Sin embargo después de un rato abrió la puerta y me hizo salir.

El número de piso decía “2016”.

El lugar estaba en penumbras, pero se pude ver cosas que aún tenía frescas en la mente. Es difícil poder describir lo que estaba en ese piso, porque todo se mezclaba sin un sentido claro.

Cerca de la puerta de ascensor había un libro de visitas, luego de recorrer el piso y mientras esperaba al ascensor decidí escribir algo, como para intentar acomodar los recuerdos.

 

Días largos y agotadores,

que a veces te hacen mal,

rajas sin mirar atrás,

y sin encontrar sentido,

y te hace falta un amigo,

que te sepa escuchar.

 

Fechas que nunca son,

excusas por los olvidos,

gritos y retos sin motivos,

que no ayudan a avanzar,

cabalgamos sin notar

que perdimos los estribos.

 

Y se vienen los cambios

difíciles de asimilar,

me cuesta poder aceptar

seguir perdiendo amigos,

quiero apoliyar tranquilo,

sin tener que despertar.

 

Busco en cada cambio

lo bueno que hay detrás,

aunque hoy es difícil de hallar,

nublado veo el camino,

cuesta ver que al lado mío,

otra vez no vas a estar.

 

A los golpes acepté

cada cambio que viví,

espero poder resistir

los nuevos tiempos que vienen,

y si ven que uno no puede…

me invitarán a salir.

 

Entre todos esos cambios,

Myriam nos abandonó,

y Nishi se piantó

para ayudar en otro lugar,

el grupo lo va a extrañar

ya que fue su fundador.

 

Roxi se fue sin que la rajen

y Barrera nos dejó,

su ida nos provocó

uniones y muchos cambios,

IT y Redes se juntaron

en un único director.

 

Ahora en la dirección

somos muchos, ya lo creo,

todos a cargo de Di Meo

tantos que no hay lugar

para podernos juntar,

salvo que usemos video.

 

Hubo una fiesta austera,

acorde a la situación,

acortaron la duración

y una orquesta algo tibia,

y en lugar de libre birra,

algún mistongo cupón.

 

Los almuerzos en el cuarto

y los after cada tanto,

el futbol y los mamados,

todo suma, todo sirve,

faltó el día al aire libre

y nos dejó preocupados.

 

Y siguió el 4G

y la fibra aprontamos,

con sistemas aun frezados

a la espera de T3,

un noviembre que no fue

y nos va desesperando.

 

Y aunque las fechas se muevan

para nuestro ansiado T3,

igual sigo teniendo fe

que se llegue en un momento

y que traiga el condimento,

que nos ayude a crecer.

 

Atrás de este proyecto

hay mucha gente y laburo,

y yo se los aseguro

hay tipos buenos y malos,

igual que en cualquier lado

hay ñatos piolas y burros.

 

La seguiremos remando,

no le vamos a aflojar,

buscaremos instalar

y recoger lo sembrado,

laburamos y nos esforzamos

para poder mejorar.

 

Y llegará ese día

en que escriba que terminó,

que el proyecto llegó

a su ansiado final,

espero poder estar

para darles mi versión.

 

Adiós 2016!

ahí llega mi ascensor,

no fuiste de lo mejor

pero tuviste cosas buenas,

te despido con la idea,

que el próximo sea mejor.

 

Justo que terminé de firmar el libro de visitas, a mis espaldas se abrió la puerta tijera y el ascensorista me llamó.

 

Otra vez el mismo botón, nuevamente vez la falta de movimiento y otra vez la puerta que me ofrece un piso diferente.

 

Le toqué el hombro mientras bajaba y le agradecí al pasar.

El piso tenía un cartel en la entrada que decía “El tiempo”

Debajo del cartel alguien había escrito con birome la frase “…todo lo apaga”

Empecé a recorrer el piso y encontré restos de redes 2G, ladrillos, sapitos, y otros teléfonos en desuso.

Seguí caminando y me pareció ver restos de Siscel, de Movics y de mí.

Estuve a punto de irme, pero descubrí una terminal VT100 que aún funcionaba. Estaba logueada con el usuario de Daniel Gandione y con el All-in-One abierto.

Me senté y comencé a escribir sin pensar mientras miraba las cosas a mí alrededor.

 

Abandonados en este piso,

veo a nuestros sistemas,

pucha que valió la pena

haberlos desarrollados,

son parte de mi pasado

y del presente que nos queda.

 

Hay maquetas de edificios,

Ciudadela, Tucumán,

Suipacha, el Laminar,

Armstrong, Independencia,

Vélez, Viale, Defensa,

Garay y Central Park.

 

Qué lo parió cuantas cosas

se me vienen a la mente,

alegrías, momentos, gente,

emociones y tristezas,

se me llena la cabeza

de los queridos ausentes.

 

Cuantos recuerdos que tengo,

cuantas muertes, cuántas vidas,

cuantas luchas ya perdidas

que no dejo de pelear,

cuanto tuve que llorar

por cada silla vacía.

 

Ni bien terminé la última estrofa me di cuenta que me había sentado sin prestar atención a quien pertenecía esa silla.

Evité mirar el nombre que había en el respaldo, sólo para poder imaginar que en él estaban todos los nombres de los amigos que se sentaron cerca mío alguna vez, los que aún están conmigo en cada día, los que vendrán y los que hacen que me levante cada día para seguir luchando por un mundo mejor desde mi pequeño lugar.

Grabé el archivo y me fui directo para la entrada.

Volví a subir al ascensor y no tuve que decir nada.

 

 

Toco el mismo botón que tocó en cada cambio de piso. El único que había en el tablero, pero ahora cuando abrió las puertas pude ver una mesa, tres sillas y una taza a medio tomar. Enseguida reconocí el lugar y bajé apresurado, comencé a caminar rápido para irme, pero me detuve y giré sobre mis pies.

 

Le hice un gesto con la cabeza y salí por la única puerta que tenía aquella habitación.

Cerré con llave.

Busqué la escalera y trepé hasta la planta baja, saludé al guardia que estaba detrás del mostrador y le di las llaves del cuarto piso, firmé la planilla, le desee un buen año y me fui.

Cansado, intentando ordenar aquella noche en mi mente y con un sabor agridulce en mi boca, comencé mi regreso a casa.

Mientras caminaba recité unas estrofas al aire.

 

Aunque a veces me siento solo

que es una sensación,

ya que hay en cada lector

el motivo de mis poesías,

por eso escribo mi vida

y ofrezco mi corazón.

 

Y apuesto a que todo mejore

y juego aún sin ganar,

nunca me importa llegar,

lo que importa es el camino,

siempre que sea con amigos,

que estén dispuestos a luchar.

 

...feliz año 2017 lector amigo…

… brindo por la felicidad de tenerlo a usted cada año ahí, manteniéndome con vida a través de su lectura, creo que hoy no necesito nada más que eso…

…Muchas felicidades le desea…

 

El Pueta Palcu®.

Feliz y agradecido de

compartir este momento

cada año que pasa.

 

4 comentarios:

  1. Siempre es un placer leerte... año tras año . Vamos x un 2017 con todo!

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  2. Glorioso!!! me emocioné un poco y todo. Algo de bronca compartida por aquello que tenía que ser y no fue, nombres que me guardo con cariño, espacios conocidos como ese kiosko... qué se yo. Lindo viaje tuve al leerte. Feliz año, Ale. Por ahora, seguimos por acá y compartiremos camino al andar.

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  3. Muuuy bueno!! Componente emotivo para gente con poca o mucha historia. Felicitaciones por el escrito y muchas felicidades para este 2017 bien movidito.

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